BODEGAS CASTILLO DE MONJARDÍN

EL ENTORNO – CASTILLO DE MONJARDÍN

El castillo de Monjardín merece un reconocimiento histórico mayor del que tiene en la actualidad, ya que está en el origen mismo del reino de Navarra. La toma del castillo de Monjardín es la primera conquista reseñable que Navarra consiguió sobre los musulmanes en el ámbito de la Reconquista. Por muchos es considerado a Sancho Garcés I, el artífice de expugnar esta importante fortaleza, primer rey de Pamplona, germen de lo que sería el reino de Navarra. Y es que Iñigo Arista y sus sucesores cada vez son más tratados por la historiografía como señores o barones que estaban subordinados a los invasores mahometanos más que como verdaderos reyes.

Villamayor de Monjardín

Sancho Garcés I (905 925) fue el primero que rompió esta relación de sumisión y el primero en ser reconocido por los otros reyes cristianos como uno de sus pares. El castillo se encuentra en lo alto del monte que se levanta sobre Villamayor de Monjardín, localidad cercana a Estella. El castillo de Monjardín tuvo una importancia estratégica fundamental en el territorio que en el siglo X era frontera con los sarracenos. Tras su toma por el rey Sancho Garcés, el castillo nunca volvió a ser dominado por los musulmanes, ni siquiera tras derrotas como la de Valdejunquera

En esta ocasión el todopoderoso califa Abderramán III se desplazó desde su corte en Córdoba hasta Navarra para parar las rebeldías del rey Sancho Garcés I y su aliado el rey asturiano Ordoño II. Hoy podemos apreciar la importancia militar de la fortaleza en las panorámicas que se dominan desde la misma. Es un gran centro de control visual de la zona. De hecho, es el mirador de Navarra donde más pueblos se pueden ver (60). Tal debió ser la querencia del rey navarro por el castillo de Monjardín que aquí se hizo enterrar. Las reformas de la ermita que corona el castillo y las hechas en el siglo XIX en tiempos de las guerras carlistas han hecho que no se hayan localizado aun los restos del monarca, si bien se supone que en el castillo siguen enterrados. En la plaza del pueblo encontramos un busto que homenajea al rey.

Sancho Garcés

Sancho Garcés I. El rey, con atuendo de guerrero más que como monarca, luciendo sobre su cabeza casco en vez de corona, alza la mirada  hacia la fortaleza con gesto resuelto a la vez que preocupado. La estatua nos traslada más de 1.000 años en el tiempo, poco antes de que el rey y sus tropas se enfrentaran a la crucial prueba de tomar Monjardín, hecho de armas que empezó a cambiar el destino de lo que en un futuro sería el reino de Navarra.

LA BODEGA DE CASTILLO DE MONJARDÍN

Castillo de Monjardín, situado en la zona media de Navarra, se asienta en los pies de los Pirineos, no muy lejos de la frontera Francesa.
Sus vinos están caracterizados por su proximidad y cercanía histórica-cultural con Francia,  que aportan la tradición de la elaboración de variedades como Chardonnay, Cabernet Sauvignon y Merlot. Además, elaboran grandes Garnachas y Pinot Noir con un perfil fresco y afrutado.

Durante los últimos 25 años, han sido otorgados con más de 100 medallas internacionales e importantes publicaciones. Sus fincas se encuentran orientadas al sol, a unos 600 metros de altitud, aireadas por el viento del “Cierzo”. Los viñedos familiares comprenden un total de 220 Ha de unas edades de 15, 25 y 70 años.

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La ventaja diferenciadora de Monjardín es el microclima único, que junto con la gran experiencia de Víctor Del Villar y su equipo de trabajo, elaboran unos vinos singulares llenos de intensos aromas, sabores elegantes y estructura firme.  Todos los vinos se elaboran con uvas procedentes de fincas propias, fermentaciones controladas y cuya crianza se realiza en roble Francés y Americano. Combinan los mejores métodos tradicionales con la innovación a través de últimas técnicas vitivinícolas. Su objetivo es conseguir vinos de alta calidad, que complementan la Cocina Mediterránea y representan la tierra de sus viñas siendo así Castillo de Monjardín una de las marcas de España.

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GAMA DE VINOS CATADOS

Con una gama de vinos singulares, llegamos a catar durante la visita un blanco de chardonnay, un rosado de 60 % Cabernet Sauvignon y 40 % Tempranillo y un vino tinto crianza. Vinos elegantes, que demuestran pasión y equilibrio, además de galardones de múltiples certámenes.

Posteriormente y ya en el restaurante de la propia bodega, pudimos maridar unos grandes platos con otros vinos como el blanco de chardonnay barrica selección y el tinto merlot denominado “Deyo” como el castillo.

Vinos

BODEGAS FERNÁNDEZ DE ARCAYA

HERENCIA DE FAMILIA

Bodegas Fernández de Arcaya es el resultado de una tradición vitivinícola de una familia vinculada con el viñedo y el vino. Representa el espíritu innovador de una antigua familia, plasmado en el sueño de crear unos vinos modernos, a partir de unas cepas decanas de las variedades de merlot, tempranillo o cabernet sauvignon.

La actividad de la bodega se inició con las más modernas instalaciones, el año 1990, en una finca de 4 hectáreas (Finca Perguita) situada en Los Arcos, en el histórico Camino de Santiago.

Las viñas de la bodega ocupan 54 has, cultivadas en suelos calcáreos-arcillosos, en laderas de 450 m de altitud en la falda de la Sierra de Codés, sobre el valle del río Ebro, privilegio que se aprovecha con sabiduría, siguiendo el principio de enología: “la calidad del futuro vino nace en la viña” y es por ello que sus vinos se con uva procedente de viñedo propio. 1

Bodegas Fernández de Arcaya, presenta una clara orientación hacia la producción de vinos tintos de calidad, crianzas y reservas, pero sin descuidar la producción de vinos jóvenes tintos, blancos y rosados. Son una bodega totalmente familiar y garantizan un futuro donde el objetivo principal es mantener la grandiosidad de los vinos sin hacer concesión a las modas pasajeras, estableciendo lazos comerciales y de permanente amistad con sus clientes con el objetivo de mejorar día a día. Para su familia, nacer en esta tierra donde el vino es mucho más que una tradición, no es solamente nacer, es ser portadores de una cultura transmitida y mejorada durante más de 2000 años, persona a persona, generación a generación.

FILOSOFIA de LA BODEGA

Bodega familiar moderna, basada es una gestión integral del viñedo y la bodega, que parte de la mejor uva como base para unos vinos excelentes, con personalidad, adaptado a los gustos actuales. Bodega de producción limitada, enfocada a la venta en hostelería y tiendas especializadas, tanto en el mercado nacional como en mercados internacionales seleccionados. Orientación al cliente con un trato personalizado. Importancia de sus marcas, como criterio diferenciador de calidad. Bodega de enoturismo, con certificación de Calidad Turística, donde el visitante pueda conocer el mundo de la enología y de la viticultura en un entorno cercano y amable.

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GAMA DE VINOS DE LA BODEGA

Con una gama de vinos singulares, limitados en la producción, vinos elegantes, que demuestran pasión y equilibrio.

– Alate Kosher.
– Condesa de Garín
– Fernández de Arcaya – Reservas monovarietales.
– Viña Perguita.

EXPERIENCIA KATALDE

Todo comenzó  con un poco de retraso dadas las inclemencias del tiempo en un maravilloso día víspera de San Andrés, a final de mes. A las puertas de la bodega nos esperaba Miguel Fernández de Arcaya que con una visita muy interesante, amena y clara nos introdujo en la zona vitivinícola en la que nos encontrábamos. La historia de la zona, de la familia y de las partes que componen lo que compramos……….el vino, el corcho, los tapones, la forma de clarificar, etc.

Una mesa larga con un cálido entorno y copas vacías nos esperaban, fuimos tomando asiento poco a poco mientras oíamos de fondo el descorchar de los vinos, que tras pequeñas introducciones de su maestro nos servían para catar para ir activando de manera importante  los sentidos gustativos y olfativos mientras no dejábamos de mirar la copa…..que vinazos…….tinto roble, seguido de un crianza, un reserva, una cata vertical de tres reservas selección especial, bufffff. Maravilloso. Buenísimos vinos en los que se nota el amor con el que se elaboran. Materia prima de categoría suprema y con futuro, mucho futuro.

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¿Qué diferencia un rosado de un clarete?


Coloquialmente sólo diferenciemos entre rosado y clarete pero en realidad hay 3 diferentes:

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Rosado de “sangrado” que procede de 100% uva tinta. Se macera la uva pero al cabo de las horas se “sangra” y se lleva a otro depósito donde fermenta sin los hollejos, es decir sin la piel.

“Rosado de prensado directo” se elabora con mezcla de tintas y blancas, se elabora por un estrujado enérgico y posterior prensado obteniéndose el color mediante una corta maceración.

“Clarete” el que procede de mostos de mezcla de uva blanca y tinta o mezcla de mostos blancos y tintos cuya fermentación parcial se hace en presencia de los hollejos tintos. Según la definición de la comunidad Europea se elabora como un vino tinto pero con mezcla de mosto blanco y vendimia tinta.

Lo curioso es a pesar de ser esta la definición legal de los vinos en cada zona llamar a cada uno de una forma y es difícil llegar a acuerdos de lo que es cada uno.
En cualquier caso lo importante es elegir el que más guste a cada uno indistintamente de su nombre.
Hasta aquí, una explicación de manera muy resumida pero para el que quiera un poco más…..que siga leyendo por favor.

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El clarete español ¿un tinto, un rosado? Qué diablos es. O era, porque ya no podemos llamarlo así. Pues eso, un clarete. Ni tinto ni rosado, aun cuando tuviera más de lo último que de lo primero. El viejo debate parecía haber acabado cuando la UE sancionó que el término clairet, y su galicismo clarete y anglicismo claret, solo podían utilizarse en la AOC Claret de Burdeaux. En Francia, y países imitadores, la cosa siempre ha estado clara: un clairet es un tinto. En España no.

Todo empieza en Francia -dónde si no, hablando de vino- Allí, desde al menos el siglo XVII se elabora una tipología de vino conocida en Inglaterra, país importador por excelencia, como French Claret. Este vino, muy estimado, se convertiría con el tiempo en Bordeaux Clairet, con categoría de denominación de origen controlada. Se trataba de tintos pálidos, de un brillante vestido de color rojo pálido, de poco cuerpo, suaves y frescos, con gran intensidad aromática frutal, que han ido ganado color y estructura hasta llegar a los tintos actuales. Para su elaboración se utilizan variedades de la zona, fundamentalmente Merlot. Bien distintos de los roseé, populares en Provence, de donde procede la frase “un petit roseé va avec tout”. El prestigio de la zona hizo que desde el pasado siglo se utilizara el término claret en distintos países.

Hasta aquí los antecedentes. ¿Y qué pasaba en España? Con un viñedo mayoritariamente de castas blancas, muy entremezclado, los vinos tintos tenían poco color, lo que propició el uso del galicismo clarete, que le venía como anillo al dedo, especialmente en las zonas vitivinícolas donde la separación de variedades y la reforma del viñedo estaba más atrasada. Tal era el caso de Cigales, y en menor medida Ribera del Duero, donde la excelente uva Tempranillo se acompañaba de Albillo. O los claretes de Valdepeñas, elaborados nada menos que con un 90 por 100 de blanca Airén y el resto Cencibel (Tempranillo), muy madura. Claretes engañosos, ya que que podían tener hasta 15% de alcohol. En el siglo pasado nuestros vinos más populares eran los claretes, que adoptaban distintos nombres según la zona, como el burgalés churrillo, o los ojo de perdiz. Así tenemos la definición práctica, que no jurídica, de nuestros claretes: un vino elaborado con uvas tintas junto con una importante proporción de blancas. Cuando la reglamentación comunitaria prohibió el nombre pasaron a ser llamados obligatoriamente rosados y, puestos a ello, a utilizar sus técnicas de elaboración. Claro que también existían otros claretes, generalmente vinos baratos de mesa, que eran simple mezcla de vinos tintos y blancos.

¿Y los rosados? Son más recientes. Toman impulso al calor del éxito de los rosados de Navarra. Bodegueros como Julián Chivite convierten esta tipología de vino en una moda que nos visita todas las primaveras, para quedarse cada vez más tiempo entre nosotros. Su fama hizo que se extendiera su elaboración por el resto de las zonas vitivinícolas españolas.

El rosado está sometido a una normativa que contempla distintos procedimientos de elaboración. Pero, en general, podemos definirlo grosso modo como un tinto elaborado como un blanco. O, más poéticamente, como un blanco con alma de tinto. Es decir, se deja macerar el mosto de la uva tinta en sus hollejos durante un corto periodo de tiempo, que puede ir desde horas hasta días, para extraer algo de color, y se sigue con el proceso común de los blancos. El rosado resultante puede ser de prensa o de lágrima, este último de mayor calidad. Y rosados, desaparecida la posibilidad de llamarlos claretes, también son los que utilizan uvas -¡nunca vino!- tintas y blancas, como hacen en Cigales y otros sitios, tal como hemos visto.

Uno de los atractivos de los rosados, junto a la fragancia aromática, la ligereza y frescura, es su precioso color que lo mismo se viste de piel de cebolla, como se colorea en granate pálido, pasando por las sutilezas del rosa asalmonado, fucsia, fresa, lila… Todo un arte cromático. De ahí que el vino Rosado sea considerado un vino de artistas, un verdadero arte para dar esa tonalidad que le caracteriza (Manifiesto por la Defensa del Rosado Europeo) Me gusta la frase contundente de Emile Peynaud: El vino rosado se define por su color (Enología práctica. Ediciones Mundi-Prensa., 1976)

Resumiendo, y simplificando, la diferencia fundamental en España entre un clarete y un rosado estriba en que para la elaboración de los claretes se utilizan uvas tintas y blancas, éstas en elevada proporción. Luego, su elaboración puede ser la de un tinto o la de un blanco. Por el contrario, los rosados se elaboran básicamente con uva tinta y, en algunos casos, con una pequeña proporción de blanca, y se vinifican como un blanco.

Lo lamentable es que se haya querido autorizar la mezcla se vinos tintos y blancos para hacer un rosado, aunque se trate de remediar el entuerto señalándolo en la etiqueta, bajo los términos de “tradicional” o “mezcla”. Esta práctica, era antes muy habitual en España, donde sobraba vino blanco que había que darle salida.

Ahora bien, eliminado el termino, deberíamos encontrar una forma de llamar a los vinos elaborados a la manera de los entrañables y tradicionales claretes, como los de Cigales. O como los de Tierra de León, aquí con la soberbia Prieto Picudo, excelentes y personalísimos claretes con aguja natural (madreo) Porque es una tipología que merece ser respetada y recuperada.