BARÓN DE LEY (Una bodega de Rioja en un Antiguo Monasterio)

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Periodo del 1548-1836

El edificio fue inicialmente construido por el conde de Eguía como un castillo-fortaleza en 1548. En aquellos tiempos, el conde de Eguía poseía una finca de 1.000 hectáreas en la ribera del Ebro, enclavada de lleno en lo que hasta 36 años antes había sido frontera entre los reinos de Castilla y Navarra. Dado lo reciente de la anexión del Reino de Navarra por parte de la corona de Castilla y Aragón, seguía existiendo notable hostilidad entre los nobles navarros y castellanos, y Eguía era frecuentemente hostigado por fuerzas militares que cruzaban el río Ebro por el vado de Alcanadre.

Al cabo de los años siguientes, estas intrigas se fueron calmando, al tiempo que la situación interna en Navarra se enrarecía progresivamente. La fortaleza de Imas va, pues, perdiendo parte de su importancia y Eguía se interesa por el Castillo de Monjardín, propiedad de la orden benedictina que sobre una colina dominaba la villa de Estella, enclave estratégico en la época. En aquel momento, la orden benedictina se encuentra con una finca de Imas interesante por su gran tamaño, ubicación y proximidad al río Ebro, y con que puede prescindir de Monjardín, pues ya contaba con el Monasterio de Irache cerca del lugar.

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Por lo tanto, en virtud de una permuta, la fortaleza y finca de Imas se convierten en propiedad benedictina. Imas no fue en tiempos benedictinos un monasterio particularmente intelectual o religioso, sino más bien un activo logístico. La orden benedictina poseía en aquel entonces un 80 % del ganado lanar de Navarra, que mayormente permanecía en los montes de Urbasa e Idiazábal y a partir de entonces se estableció en Imas, con un clima más favorable y agua en abundancia. Es por este motivo que aún hoy los caminos de entrada a Barón de Ley están atravesados por Cañadas Reales, los antiguos pasos para el ganado. En aquellos tiempos los monjes benedictinos eran también grandes especialistas en la elaboración de vinos y licores. Así las uvas procedentes de los viñedos que plantaran en Imas, eran encubadas en lagos en el patio del Monasterio, de manera que tras su pisado el mosto era llevado al interior de la bodega subterránea, donde fermentaba en tinas de roble.

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Periodo del 1836-1985

Sin embargo, los tiempos benedictinos de la fortaleza de Eguía encontrarían su fin en el año 1836, año en el cual toda la finca de Imas es expropiada, al igual que gran parte de los bienes de la iglesia en España, en virtud de la desamortización de Mendizábal.

Pocos años después, en 1839, se produciría la toma de posesión de la finca Imas por parte del general Martín Zurbano en virtud de sus méritos de guerra. Natural de Varea, Zurbano inició su carrera militar alistándose en 1808 para servir en la guerra de la Independencia contra Napoleón y consagrándose en la primera guerra carlista, tras la cual fue ascendido a general por el gobierno de la Reina Isabel.

En los años siguientes, Zurbano ascendería a Comandante General del ejército español y a Gobernador Militar de Gerona en 1843. Sin embargo, comenzaron tiempos difíciles para los liberales, en parte como consecuencia de la desamortización de Mendizábal en una España muy clerical, y Espartero fue desterrado.

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En 1844, con Narváez en el poder fue decretada prisión para Zurbano, quien a partir de ese momento se daría la fuga con sus hijos hasta ser capturado, juzgado y fusilado en 1845. En 1844 se produciría un giro en la historia de la finca de Imas, cuando Zurbano jugó y perdió toda la finca en una histórica partida de cartas contra un conde francés liberal que había venido a persuadirle de que huyese a Francia.

No teniendo excesivo interés en mantener una finca de estas proporciones en España, el Conde optaría por valorar la finca al objeto de saldar la deuda con Zurbano y finalmente fue D. Cayo Muro, administrador de Zurbano, quien redimió la deuda y adquirió la propiedad.

El Coronel Muro, también riojano, se casó en Mendavia con Dña. Carmen Elvira, que se convertiría en administradora de la finca por las prolongadas ausencias de Muro.Cayo Muro moriría en 1852, y Carmen Elvira, que contrajo segundas nupcias, vendió finalmente en 1880 toda la finca al matrimonio formado por D. Donato Jiménez y Dña. Agueda de Mauleón. Es precisamente la familia Jiménez, que permaneció en la finca durante tres generaciones, quien dio esplendor a la finca al administrarla por primera vez como una completa explotación agraria y ganadera.

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  1. Angel Jiménez de Mauleón se casó con Dña. Rosario de Palacios López-Montenegro, quien ya viuda y sin descendencia por el fallecimiento de sus dos hijos legaría la propiedad a su sobrino José María Sanz-Pastor en 1957.Es de destacar la gran afición cinegética de la familia Sanz-Pastor, cazadores que viajaron por todo el mundo y dejaron en el Monasterio, una vez éste fue adquirido en los años ochenta por los fundadores de Barón de Ley, los más de 200 trofeos de caza que decoran sus paredes.

Periodo ACTUAL

En la actualidad el Monasterio de Imas se ha convertido no sólo en la sede social de Barón de Ley, sino que también acoge a algunos de sus mejores caldos. La restauración del edificio histórico, acometida en los años 95 y 96, recrea con sus muebles de época los años dorados de la casa a finales del Siglo XIX, cuando la familia Jimenez era propietaria de la casa y administraba la finca agrícola.

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En el mismo se pueden admirar dos zonas claramente diferenciadas; por un lado los aposentos de la familia y por otro las habitaciones que ocupaban de los trabajadores de la finca, en lo que anteriormente fueron las celdas de los monjes.

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Por último, la “bodega del monasterio” es el colofón de la visita al edificio, ocupando las antiguas caballerizas del cenobio; una espectacular fusión entre la antigua tradición benedictina y los grandes vinos de hoy. Hasta seis “foudres” de roble francés de única factura y un bellísimo y enrejado botellero en rima dominan la estancia, en la que duermen algunos de los más grandes vinos de Barón de Ley.

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LA BODEGA

VENDIMIA

En Barón de Ley, la vendimia se realiza manualmente no sólo con el fin de mimar al máximo cada racimo de uva sino también poner en valor su mayor activo: el viñedo. Como es lógico, el hecho de contar con la uva “a pie de bodega” contribuye muy especialmente a la calidad de los vinos, al reducir al máximo los tiempos de entrada de la uva a la bodega durante la vendimia, evitándose así fermentaciones indeseadas durante el transporte.

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Esta gran ventaja ha permitido además, la puesta en marcha a través de los años de una ambiciosa política de selección manual de uva. Desde hace más de una década, la producción de uvas de sus mejores fincas es vendimiada en cajones con capacidad de 300 kilos y transportada a nuestras dos mesas de selección en bodega. Allí, todos y cada uno de los racimos son inspeccionados visualmente, descartándose aquellos que no se hallan en perfectas condiciones y dando como resultado una “selección de la selección de sus mejores fincas”… uvas de la más extraordinaria calidad.

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Actualmente en Barón de Ley seleccionan manualmente más de 850.000 kilos de uva en cada vendimia, en una apuesta sin precedentes en nuestro país, descartando porcentajes de uva que por lo general fluctúan entre el 10 % y 20 % en función de la añada y procedencia.

ELABORACIÓN

Pocos minutos después de haber sido vendimiadas manualmente, las uvas de Barón de Ley son recibidas en sus bodegas de elaboración.

Todas las mañanas los enólogos catarán todos los tanques en fermentación para tomar la decisión oportuna para cada depósito específico, así definiendo temperaturas de fermentación, tipo de remontados, maceraciones… y completar una media de veinte elaboraciones diferentes en una vendimia.

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Uno de los mejores símbolos de su forma de entender la calidad y la enología, abierta, atrevida y dinámica, es su nave de depósitos experimentales. En estos seis depósitos de 10 a 14.000 litros, diseñados especialmente por el equipo de enólogos buscan diversos efectos de elaboración, tienen lugar las elaboraciones de los vinos más especiales, viñedos más recónditos u otras pruebas realizadas en la viña para mejorar la calidad. En suma la investigación que les permitirá no estancarse e ir mejorando progresivamente la calidad de cara al futuro.

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CRIANZA EN BARRICA

La crianza en barricas de roble bordelesas, que constituye uno de los pilares de la elaboración de vinos de calidad en Rioja, encuentra un auténtico santuario en la sala de barricas de Barón de Ley. En una nave climatizada para garantizar unas perfectas condiciones de humedad y temperatura, las 15.000 barricas nuevas de roble americano y francés impecablemente apiladas acogerán todos los vinos de Barón de Ley. Seleccionadas entre los mejores toneleros, las 12.000 barricas de roble americano y 3.000 de roble francés, se complementan y aportan sus mejores cualidades a sus vinos, preparándolos para llegar a su máxima expresión.

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CRIANZA EN BOTELLA

Una vez embotellados, empleando avanzadas técnicas para tratar el vino con la máxima delicadeza, arranca la crianza en botella. Durante meses y años, los vinos irán poco a poco puliéndose y ganando en redondez y complejidad hasta llegar al momento óptimo de consumo.

Al objeto de garantizar una crianza en botella mínima de entre 18 meses y dos años para los Reservas y tres años para los Grandes Reservas, Barón de Ley cuenta con un botellero climatizado de 4,5 millones de botellas que cuidadosamente guardadas en jaulones metálicos esperan pacientemente su momento.

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